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21-06-2008

Waterford: Viagra, bótox y microchips

Las razones del no en una pequeña ciudad de un país al que Europa hizo próspero

Waterford, calle Mayor, el día después del no. Una ciudad cualquiera de una nación con 30.000 millonarios y una economía más propia de país emergente de Asia que de la Vieja Europa, que ha pasado de cultivar patatas a fabricar Viagra, bótox y microchips; más rico que EE.UU. y Gran Bretaña gracias a la fortaleza del euro; imán de inmigrantes; hijo predilecto de la Unión Europea... ¿Por qué ha rechazado sin contemplaciones el tratado de Lisboa?

Un paseo por la principal calle comercial de Waterford, la primera circunscripción que anunció los resultados, ofrece bastantes explicaciones: el rechazo al chantaje moral del establishment, el deseo de seguir cortando el bacalao en la UE, el temor a la crisis económica, la reticencia a ceder soberanía, el carácter rebelde y nacionalista de los irlandeses, la influencia de la Iglesia católica, la creciente diferencia entre ricos y pobres, la impopularidad de un gobierno marcado por escándalos de corrupción, la tradicional neutralidad, el populismo del Sinn Féin, el egoísmo del nuevo rico, la influencia del lobby agrícola...

Chantaje. "Confieso que estuve indecisa hasta el último minuto - dice Sandra O´Driscoll, dueña de una pequeña boutique-. Hasta que oí a Durão Barroso amenazarnos con que no había plan B y él no tendría un precio para Irlanda. ¿Quién se ha creído que es ese señor? Por supuesto que hay un plan B, y un plan C, y un plan Z. Lo hubo después del tratado de Niza y después del rechazo a la Constitución, y lo habrá también ahora. Nos han tratado como a idiotas, metiéndonos el miedo en el cuerpo. Pero en el fondo nunca pasa nada, la UE sigue funcionando".

Influencia. Mary Murphy acaba de pagar 500 euros por un vestido, "para la boda de una amiga", y explica sus razones para haber votado no. "El egoísmo es humano. Estábamos acostumbrados a pintar en la UE, nos parecía normal que franceses y alemanes pagasen el alcantarillado de nuestras ciudades. Y de repente nos vienen con que las reglas del juego han cambiado y con cuatro millones de habitantes sólo tenemos el 1% de las acciones de la nueva sociedad. O sea, que nos pueden pasar por la piedra, armonizar el sistema fiscal (el impuesto de sociedades es de sólo el 12,5%) y fastidiarnos. El anterior trato nos parecía mucho mejor".

Miedo. Fachadas recién pintadas, asfaltado impecable, actividad comercial, familias que hacen la passeggiata matinal del sábado antes de acabar en el pub. "Estábamos acostumbrados a un crecimiento económico del 7% al 10% - señala Liam O´Gara tras dar un sorbo hedonista a su pinta de Guinness-, y ahora un 3% nos parece poco. El aumento del valor de las viviendas ha hecho ricos a los propietarios, gente de clase media invierte en pisos en Praga o Bucarest. Uno se acostumbra en seguida a lo bueno, y tenemos miedo a que se caiga el canasto y se rompan los huevos, es normal".

Rebeldía. "Los irlandeses somos rebeldes, antes con causa, el colonialismo inglés, y ahora sin ella: Europa nos ha hecho ricos. Yo he votado que sí - tercia Ronald McIntyre, que sólo bebe agua mineral ( "estoy en fase de desintoxicación")-, pero tengo amigos que han dicho que no sólo para llevar la contraria. En cierto modo somos un país inmaduro y adolescente, y pensamos que ahora Bruselas va a venir con los caramelos y a hacer las concesiones necesarias para que cambiemos de opinión. El texto no se lo ha leído nadie, ni el primer ministro, pero nos encanta meter el dedo en el ojo".

Castigo. "Basta que el Gobierno haya recomendado encarecidamente el sí para que muchos hayamos votado no - confiesa Linda O´Hara mientras compra la prensa -. Francamente, no entiendo ni me importa el tratado de Lisboa, pero he querido protestar contra la corrupción del Gobierno del Fianna Fáil, contra el deterioro de los servicios públicos y el aumento descontrolado de la inmigración".

Pobres y ricos. John Finegan vende el Big Issue (el equivalente de La Farola) delante de una sucursal del Bank of Ireland, apoya al Sinn Féin y también ha votado no: "No dudo que Irlanda esté entre los países más ricos del mundo, pero yo no lo noto. La diferencia entre los que tienen y los que no tienen es cada vez mayor. Yo antes me ganaba la vida como albañil, pero los polacos se han hecho con el sector de la construcción. Y aquí estoy, parado y vendiendo revistas en la calle. ¿Qué puedo hacer, sino protestar?"


 

 

 

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