07-01-2008
Farmacia feliz
medicamentos para gente sana
Las empresas farmacéuticas se han asegurado
de que el envejecimiento, la menopausia o la infelicidad cuenten
con un fármaco a su servicio”, afirma el periodista
alemán Ray Moynihan en una reciente tesis llevada a cabo para
la revista British Medical Journal. En ella, saca a la luz un gran
número de lo que él denomina “males inventados”,
es decir, la transformación de procesos naturales en enfermedades
que requieren el uso de medicamentos. Añade además
que “se incita a la gente a medicarse en cuanto aparecen
los primeros síntomas de cualquiera de estos fenómenos”.
Jorg Blech, colaborador de Moynihan, habla de las diferentes formas
a través de las cuales se logra convertir a personas sanas
en pacientes que emplean una gran cantidad de dinero en medicamentos
cada año. Una primera vía es convertir un proceso normal,
como por ejemplo la caída del cabello, en un problema médico.
Otra bastante frecuente es difundir los problemas personales y sociales
como si se tratasen de alteraciones en la salud, que se pueden solventar
a través de pastillas. Ya en menor medida, se tiende también
a promover la publicidad de síndromes poco frecuentes y a
transformar síntomas débiles en señales de enfermedades
que revisten gravedad.
Las conclusiones de Moynihan han sufrido las críticas de doctores
de todo el mundo, quienes defienden el derecho a gozar de un bienestar
ante los problemas que se presentan, por más naturales que éstos
sean. Sin embargo, las ideas de este periodista han hecho mucho daño
a una industria, la farmacéutica, que pasa por una gran crisis
de credibilidad.
Las multinacionales farmacéuticas facturan cerca de 500.000
millones de dólares cada año. Estos beneficios son
resultado, en gran parte, de intensivas campañas publicitarias.
Desde la promoción de Prozac a finales de los 80, los medios
de comunicación han sido la plataforma de lanzamiento de numerosos “medicamentos
estrella”. A partir de este momento, la importancia de las
prescripciones médicas ha pasado en muchas ocasiones a un
segundo plano en beneficio de las nuevas técnicas de comercialización
emprendidas por las empresas farmacéuticas.
Un ejemplo de promoción de un medicamento fue el realizado
por el fabricante de viagra Pfizer, que contrató los servicios
del exfutbolista Pelé para que concienciase a la gente de
que los problemas de erección no tienen lugar sólo
entre los hombres de la tercera edad. El hecho de que no apareciese
el logotipo de la empresa, daba al anuncio la apariencia de ser una
campaña de concienciación pública, cuando en
realidad se trataba de publicidad encubierta dirigida a poner la
viagra en un primer plano de la actualidad.
Los brazos de las farmacéuticas llegan también a los
médicos. Conscientes de la confianza que inspiran en muchos
pacientes las recetas prescritas por los doctores, bastantes los
laboratorios han lanzado sus tentáculos sobre los especialistas
del sector. Se calcula que el 70% de los grupos médicos que
elaboran las guías para tratar enfermedades, tienen conexión
con los grandes laboratorios.
El coste que va suponer en los próximos años el uso
desmedido de medicamentos es difícil de calcular. En estos
momentos pueden preverse ya algunas consecuencias. En primer lugar,
una pérdida en la eficacia de muchos fármacos que se
toman de manera apresurada. Por otro lado, al ser la mayoría
de ellos recetados a través de la seguridad social, los sistemas
sanitarios financiados con fondos públicos pueden ver amenazada
su viabilidad.
“Sueño con producir medicamentos destinados a la gente
sana”, afirmó a finales de los años 70 Henry
Gadsen, director de la empresa farmaceútica Merck. 30 años
más tarde, son muchos los que piensan que su sueño
es ya una realidad. Las farmacéuticas han tomado el poder..
FUENTE:
Jorge García es periodista
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